Aug 04 2017

Cuarto Relato Encadenado: EL destino de Achilles [@rnunez09]

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Cerramos la primera edición de Relatos Encadenados con @rnunez09 de nuevo, volvió a ganar una edición de SpanishChallenge y ha tenido la posibilidad de cerrar el relato que nos está haciendo vibrar estas semanas, no os perdáis el final de esta fabulosa historia!!


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EL destino de Achilles

En un lugar al sur de la antigua Grecia, yacía un pueblo que parecía estar olvidados por los dioses, ya que sus casas estaban devastadas, sus calles agrietadas, sus templos deteriorándose y los habitantes se encontraban en la mas extrema pobreza y desnutrición. Este pueblo estaba a pocos metros de la costa del mar mediterráneo, y los pueblerinos trataban de aprovechar al máximo las bondades que este le podría ofrecer, eran buenos pescadores y artesanos de pesca, construían pequeñas embarcaciones pero de gran fuerza que pudiesen hacer frente a las olas de las costas para poder viajar hacia agua mas calmadas y poder lanzar la redes que ellos mismos tejían para pescar.

Era uno de esos tantos días normales para Achiles, se levantaba de nuevo de su precaria cama meditaba en qué hacer para esta vez poder encontrar algo que pescar, ya que desde hace unos meses los peces parecieran haber huido de su lugar habitual de pesca. Todos los habitantes del pueblo hacían lo mismo, otros cansados por decaída de la pesca huyeron para asentarse en otras regiones con mas posibilidades. Achilles toma la red que colgaba en la pared de su casa, atraviesa los viejos caminos del pueblo para llegar hasta la costa y montarse en su pequeño barco, mientras pasaba por el pueblo era imposible para él no escuchar los murmullos de las personas que al verlo pasar recordaban el viejo accidente donde Achilles perdió para siempre sus ganas de vivir.

Ya habían pasados 2 años desde aquel accidente. Achilles con su esposa e hijos decidieron dar un paseo en el mar, con la intención de que su hijo Adonis aprendiera de su padre, los trucos de un pescador experimentado, pero ese día el mar les tenía una sorpresa nada agradable. Era un día normal, con cielo despejado y mar totalmente calmo, estaban los 3 felices, la pesca era buena, era un momento de amplia alegría parecía que nada podía opacarla. Hasta que Achilles presencia que a lo lejos se acercaba una gran tormenta, rápidamente él y su hijo toman los remos para apresurarse en llegar a la costa, pero la tormenta avanzo muy rápido. Nubes negras invadieron el cielo, la tranquilidad del día fue opacada por los grandes estruendos de los truenos, que se escuchaban como los gritos del Dios Zeus, las olas atacaban la embarcación por todos lados no había escapatoria para tan nefasta situación, Achilles no se rendía remaba lo más fuerte que podía su hijo quedo exhausto no podía mas con sus brazos y, su madre que lo veía solo opto por abrazar a Adonis y rezar por poder salir de tal situación. Pero ni el esfuerzo de Achilles ni los rezos de su esposa fueron suficientes la embarcación termino volcándose, Adonis y su madre murieron ahogadas, solo Achilles sobrevivió milagrosamente, su cuerpo fue arrastrado hasta la costa, donde el agua de lluvia que caía en su cara lo despertó, rápidamente se puso de pie y corrió por toda la playa en busca de su esposa e hijos, fue en vano nunca pudo encontrarlos. En el pueblo los truenos, relámpagos y la lluvia quedaron opacados por los gritos de Achilles, solo se escuchaba su llanto y sus gritos: “Te maldigo mar, te maldigo, me lo has quitado todo”.

Desde aquel día empezó la mala suerte del pueblo, muchos achacaban la mala suerte a Achilles, por eso su casa era la mas dañada del pueblo, hubieron personas que la atacaron esperando que así Achilles recapacitara su estadía allí y se fuera del pueblo, pero después de lo sucedido, él había perdido el miedo a la muerte no había nada ni nadie que lo pudiese asustar, ya no creía en los dioses a los que alguna vez adoro.

Durante esos 2 años Achilles hacia lo mismo, se despertaba meditaba ideas para una buena pesca, tomaba su red de pescar, atravesaba el pueblo, escuchaba el murmullo de los pobladores, llegaba hasta el muelle y se dirigía hasta su zona de pesca y lanzaba su red. Cuando estaba sentado hay, solo recordaba el rostro de su esposa e hijos, se levantaba y con una furia descontrolada que salía de lo mas profundo de su corazón maldecía a los dioses por no haberlo dejado morir junto a su familia, no entendía ¿por qué todavía estaba vivo? Muchas veces trato de suicidarse pero el resultado siempre fue el mismo, el mar lo llevaba hasta la orilla y hay despertaba al lado de su barco y su red. Parecía como si destino le tuviese algo preparado y lo estuviese entrenando para el combate.

Ese día fue igual, los peces no picaron las redes, fue otro día de fracaso. Cuando Achilles se preparaba para volver al pueblo, algo extraño paso, de la nada una gran ola lo golpeo y volteo su barco, cayo inmediatamente al mar, y una extraña fuerza lo jalo por su pie y lo llevo hasta las profundidades. Achilles lucho por tratar de zafarse, pero nada impidió que fuera arrastrado, mas y mas profundo en el mar. Cuando ya todo parecía perdido para él y veía su muerte inminente, entro en un trance y tuvo una extraña visión, escuchaba la voz de un hombre que pedía su ayuda:

-Achilles tu destino no es la muerte, tú has venido a este mundo a derrotar al mal acecha en estos mares, ese mal que ha espantados los peces de esta zona, y que en otros lugares, ah hundido barcos y ha matado a sus tripulaciones.

Achilles estaba de nuevo inconsciente en la playa, siendo despertado por el golpe de la olas en su cara y el sonido de las gaviotas que se acercaban a picotearlo, fue una sensación extraña para él nunca había sentido ni escuchado esa voz. Pero sin duda no será la última vez que sabrá de ella….

@yoselin


@rnunez09

A pesar de la deprimente situación, Achilles se emprende a la mar una vez más, ahora lo hace como un autómata pues hay una fuerza instintiva que casi lo obliga a realizar la faena. Debido al débil viento rema sin cesar con sus fuertes brazos hacia aguas profundas, detiene la nave y percibe una quietud en mar fuera de lo común, lanza sus redes y espera, toma las relingas para sacar la red sin muchas esperanzas de ver peces en ella, su predicción es acertada, el frustrado pescador tira la red al mar y suelta sus cabos  con la intención de que se la lleven las aguas. Ya está harto, no pescará más. 

Se sienta en un madero del bote y la impotencia y rabia lo consume, mira al cielo y una vez más maldice a los dioses – Malditos sean dioses del Olimpo, ¿qué quieren de mí? Déjenme morir en paz -. Y tapándose la cara con sus manos se rompe a llorar, comienza un soliloquio entre sollozos interminables, recuerda a su hijo y a su esposa y cuando en aquel desgraciado día él le obsequió a su pequeño una pulsera con extremos de oro y plata hecha por él mismo, en su mente estaba clavado el recuerdo cuando la puso en su pequeña y fina muñeca.  

Repentinamente la quietud del mar desapareció, el bote de Achilles se movía bruscamente y comenzó a avanzar, parecía ir en línea recta pero luego aumentaba su velocidad para moverse en torno a algún punto de las aguas, se trasladaba en círculos una y otra vez. El sorprendido tripulante se dio cuenta que estaba en el borde de un gran remolino, inmensas olas se formaban a su alrededor y una repentina tormenta se hacía en el centro del vórtice, caía inexorablemente en espiral hacia el centro del gigante remolino, su bote fue tragado junto con él, ésta vez a diferencia de otras ocasiones no hizo esfuerzo alguno para salir a la superficie, se dejó llevar por esa extraña fuerza que lo empujaba hacia abajo. 

Sentía la presión de las aguas en sus oídos y en medio del descenso pudo ver que algo muy grande de color rojizo subía a la superficie, apenas logró divisar lo que parecía el ojo de una ballena o algún animal submarino. Repentinamente su cuerpo comenzó a rotar sobre sí mismo y sintió que se ahogaba, cuando de pronto escuchó de nuevo en su cabeza aquella voz que le decía  – Achilles tu destino no es la muerte, tú has venido a este mundo a derrotar al mal que acecha en estos mares, ese mal que ha espantado los peces de esta zona, y que en otros lugares, ha hundido barcos y matado a sus tripulaciones –

La rotación del cuerpo de Achilles aumentaba a medida que descendía más en las oscuras profundidades, comenzó a desmayarse y pensó que ahora sí iba a morir, por instinto trataba de respirar y una bocanada de aire desesperante junto con una intensa claridad lo puso al tanto que estaba en la superficie, al parecer el vórtice era un portal que lo había llevado a otro lugar en el espacio y el tiempo. Siguió respirando profundamente, unas aguas tranquilas lo hacían flotar, miró a su alrededor totalmente desconcertado y se dio cuenta que estaba en un lugar desconocido, frente a él veía a lo lejos un  gran acantilado de piedra que daba con la orilla de una isla. 

Repentinamente se interpuso en su mirada muy cerca de él un hombre que flotaba sin esfuerzo alguno, era un viejo de pelo y barba blanca muy larga. Extrañado cerró los irritados ojos y los abrió como pensando que veía visiones, en lugar de desaparecer el anciano estaba más alejado, pero esta vez casi parado sobre las aguas, Achilles le gritó – Tú…  ¿Quién eres?-, al no recibir respuesta nadó hacía él, pero luego observó que estaba en la orilla de una isla frente al acantilado, siguió nadando hasta llegar a la orilla y se paró cerca del extraño hombre y contemplándolo de pies a cabeza pudo ver que era un anciano de tez blanca y de gran altura, vestía ropas antiguas, una túnica blanca y larga sujeta por un cinturón de cuero, y cubierto por unlámide o capa  enganchada por una muy vistosa fíbula, sus karbatines o sandalias no mostraban desgaste alguno, sujetaba con su mano derecha una especie de palo de madera que escurría agua constantemente, pero en el cuerpo del viejo no se apreciaba humedad alguna.

Luego de detallar con cuidado al imponente anciano le volvió a preguntar  -¿Quién eres? -, y con una voz que ya Achilles había escuchado le dijo – Soy Nereo, Dios de las olas y corrientes de todos los océanos del mundo -, y continuó diciendo – Y tú eres Achilles descendiente de otro con tu mismo nombre, quien fue mi nieto, aquel que derrotó a Héctor y fue héroe de la guerra más épica de todas. Han pasado más de tres milenios y sin embargo todavía por tus venas corre algo de icor, sangre de los inmortales, y esa es la razón por la que no mueres a pesar de todas las veces que has querido que suceda- , – Pero,  ¿qué quieres de mí? –, preguntó insistentemente Achilles confundido, – Ya te lo he dicho, tú has venido a este mundo a derrotar al mal que acecha en estos mares, que ha espantados los peces de tus mares, y que en otros lugares, ha hundido barcos y  matado a sus tripulaciones – Le repitió Nereo señalándolo con la extraña y húmeda vara.

El dios de las olas le explicó a Achilles que el vórtice de agua que se lo había tragado lo trasladó al lugar donde se encontraba ahora, y que éste era la isla de Creta, tierra llena de leyendas y mitos milenarios. Le dijo que ese gran remolino lo había producido el gigante Talos, un gigante alado hecho de bronce por el mismo Hefesto con ayuda de los cíclopes, lo hizo a solicitud del grandioso Minos quien fue rey de la isla hace miles de años. Le contó que el gigante de bronce era el guardián de la isla y le daba tres vuelta a ésta todos los días, y que de vez en cuando se sumergía en las aguas y con sus broncíneas alas hacía esos torbellinos de agua que provocaban huracanes y tornados que devastaban barcos enteros y ahogaban a sus tripulantes, el vórtice que hacía era tal que además de trasladarlo a otras aguas lejanas se tragaba todos los peces de éstas.

Entonces Achilles le dijo que había oído hablar de esa leyenda gracias a sus padres y los ancianos del pueblo, pero que a Talos le había  dado muerte un hechizo de la sacerdotisa Medea que lo enloqueció provocando que él mismo se quitara la clavija de su talón que contenía su fluido vital. Nereo le dijo que eso era cierto, y que ocurrió cuando Jason y sus argonautas llegaron a la isla, pero luego Hefesto lo resucito de nuevó y esta historia no es conocida por nadie. Terminando de decir ésto, el mar comenzó a crear de nuevo el vórtice y ante los ojos de Achilles, seguido de saltos turbulentos de agua, salió volando el gigante de bronce que descendió a un lugar apartado de la isla; pudo observar que en sus manos llevaba barcos que luego lanzaba contra los peñascos y se destrozaban en pedazos, veía salir gente muerta y herida que Talos pisaba cruelmente con sus gigantes pies metálicos. 

El aturdido pescador se dio cuenta que eso era lo él había visto cuando se hundía en el agua, no era ningún animal marino como pensó dentro de ese caos, no, era el mismo Talos que ascendía a la superficie para crear desastres y tormentas en las aguas de su pueblo, también entendió que Nereo lo había sacado del vórtice llevándolo a Creta con sus poderes de dios de las aguas.

Achiles aún no sabía cómo derrotaría al gigante de bronce, y comenzó a caminar con Nereo por toda la isla. Llegaron a un lugar que se llamaba Cnoso donde había una especie de laberinto, el anciano le comentó a Achilles que en tiempos del rey Minos este laberinto fue construido por Dédalo y que contenía a un minotauro antropófago, pero ahora era el lugar preferido de Talos para guardar todos sus trofeos provenientes de sus ataques en el mar. Este sitio causó mucha curiosidad al pescador quien con la ayuda y guía  de Nereo entró en el laberinto, allí observaba pasmado la cantidad de objetos que tenía en las diferentes cámaras, había un tesoro de gran cuantía, tazas de oro, adornos de todo tipo, artesanía de plata y bronce, y demás. Ya saliendo del laberinto Achilles le llamó la atención algo que estaba debajo de unos finos maderos, lo tomó con sus manos y cuál fue su asombro cuando descubrió que era la pulsera que le había regalado a su pequeño y amado hijo aquel nefasto día, lo apretó fuertemente con sus manos y comenzó a llorar…  

@rnunez09


@erkj03

Nereo no pudo hacer más que consolar a Achilles y aprovechar el descubrimiento para seguir recordándole la frase que ya tanto había dicho: -Achilles tu destino no es la muerte, tú has venido a este mundo a derrotar al mal que acecha en estos mares, ese mal que ha espantado los peces de esta zona, y que en otros lugares, ha hundido barcos y matado a sus tripulaciones-. Completo la frase con profecías, típico de Nereo y justificando la existencia de Adonis para este bien mayor, salvar a poblaciones enteras del aleteo de Talos. Achilles entre decepcionado cabizbajo e impotente reclamó a Nereo por lo sádico de su plan, del plan mayor.

Los Dioses juegan con las vidas humanas a su disposición, como si fuésemos fichas de ajedrez en su morboso juego que llaman La Tierra. ¿En dónde queda mi voluntad? ¿mi criterio? ¿mataría a Talos porque tú me lo pides o porque de verdad quiero salvar a los pueblos y tripulaciones afectadas? ¿Y por qué, me pregunto Nereo, no lo matas tú? ¡Respóndeme esto!: ¿Por qué el arquitecto de estos planes mató a mi hijo y mi mujer para que yo cumpliera esta profecía? ¡¿Es que acaso no podías tocar la puerta de mi casa y citarme a esta aventura?!

Nereo entendió la impotencia humana que sentía Achilles y no pudo hacer más que invitarlo a recorrer más el laberinto con él para que con el don de la palabra y su gran veracidad, lograra convencer a Achilles de su misión.

Achilles no estaba en condiciones y lo que menos quería era recorrer ese laberinto con el autor macabro (pero de buenas intenciones) de su destino o parte de él. Nereo hablaba y Achilles solo se sumergía más y más en su mundo interior, caminaba cual autómata esperando las últimas gotas que derramaran sus ganas de vivir. Los pensamientos de libertades privadas y las dudas de voluntad invadieron aún más la mente de nuestro personaje. La vida para Achilles se convirtió en un sueño, ya nada importaba, ni la vida de su hijo ni de su esposa, todas sus decisiones a lo largo de su vida estaban minuciosamente maniobradas para llegar a este punto en lo que lo único que importa es salvar las arrastradas vidas de una aldea, una especie que son solo títeres de algún ser supremo. Ya Achilles no se sentía identificado con nada. El vacío de la existencia, de nuestras vidas atadas a los hilos de un todopoderoso que nos castiga con darnos a un hijo para luego quitártelo y decirte que es tu destino. Achilles dijó, mientras Nereo hablaba de grandes destinos y del plan mayor:

“Quizás el mar no me mató, pues mar soy y de él nací. Pero mi carne no es de metal, la humanidad es blanda, suave y fácil de atravesar. Nada es inmortal entre humanos.”

Y tomó su cuchillo de pescador en su correa, con el que luego podía servir al cena a su familia y lo atravesó en su garganta con fuerza, deslizándolo por la totalidad de ella.

Nereo quedó sorprendido de la escena, resultó ser la declaración final de Achilles por la libertad y cortar sus hilos. Inútilmente trató de cerrar la herida con sus dedos para evitar el desangramiento pero era muy profunda y extensa. Achilles cayó al suelo con algunos último espasmos.

Nereo subestimó a Achilles se confió de la profecía pero olvidó que una profecía al final solo es una profecía ¿ahora qué? ¿ahora de qué sirve mi existencia? Tenía una tarea única, deshacerme de Talos. Fracasé. Talos sigue allá afuera, la gente morirá de hambre y reclamará a los Dioses. Nos dejarán de venerar si no les damos lo que quieren: PAN y CIRCO para el pueblo.

Esta no es una hazaña victoriosa, Achilles estaba muerto, Nereo confundido y Talos aún vivo y suelto.El mundo tomaría entonces nuevos rumbos desconocidos. ¿El orden mundial cambiaría a merced de los enemigos titánicos del pueblo?

@erkj03


@rnunez09

El alma de Achilles voló hasta las orillas del río Estigia cuyas aguas llevaban a los muertos hasta el mismo Hades, allí esperó a Caronte que lo conduciría en su barca a las puertas del infierno. El barquero se detuvo frente al alma en pena de Achilles esperando que se montara en la barca, el muerto sacó el óbolo de cobre para pagarle a Caronte, pero al poner un pie en la embarcación ésta se iluminó con una luz verde intensa. Entonces Caronte miró a Achilles y sin recibir el pago le dijo, – debes bajarte de inmediato- , Achilles lo miró fijamente y le dijo que no bajaría, que ya estaba muerto y ese había sido su destino, – no estás ni vivo ni muerto, sólo morirás cuando llegues a Hades -, repuso el barquero, y amenazándolo con su largo remo le obligó a bajarse de la barca; inmediatamente se marchó mirando a Achilles fijamente con sus brillantes e infernales ojos. El alma en pena del pescador miró hacia las riberas del río y a lo lejos veía caminar figuras siniestras de almas en pena, esto le causó un extraño y profundo miedo y se dio cuenta por este sentimiento que no estaba muerto. Permaneció parado frente al río y que al igual que esas almas, la suya vagaría también sufriendo pena y dolor.

Repentinamente apareció ante él Nereo, – ¿Y ahora qué quieres de mí?, ¿acaso no hay manera de que esta alma tenga paz? -, le dijo Achilles al dios de las mareas – ¡Oh, mi querido y obstinado Achilles!, aún estando en el limbo de la vida y la muerte, no dejas de ser impetuoso e irreverente – le dijo Nereo manifestando cierta pena en su rostro. – Tu destino final, Achilles, como todo hombre, es la muerte; a pesar de correr por tus venas algo del fluido de los inmortales, heredada por tus milenarios predecesores, tu eres mortal -, y prosiguió el viejo de los mares, – mira bien estas aguas, míralas bien -, el alma del pescador miraba las oscuras aguas del rio Estigia sin interés alguno, y continuó Nereo diciendo – aquí en este río mi hija Tetis sumergió a su hijo Achilles, y éstas aguas lo volvieron invulnerable hace muchísimos siglos, pero dejó en su cuerpo un punto débil por el que podía ser herido y morir. Tú por descender de él tienes esos mismos atributos, en menor proporción, pero los tienes -, y prosiguió Nereo con su discurso ante Achilles que cayado lo escuchaba atentamente, – ahora tu alma volverá a tu cuerpo y resucitarás, y si tu deseo es la prematura muerte yo te la concederé, pero debes primero pagar el precio matando al gigante Talos-.

Una vez mencionadas esas palabras Achilles abre los ojos, se levanta rápidamente tocándose la garganta y notó que no tenía la herida que se había propinado él mismo. Estaba de nuevo en el laberinto, frente a él seguía estando el viejo del mar que le dijo, – vamos Achilles, debemos irnos pronto antes de que regrese Talos a guardar sus trofeos- , entonces el resucitado lo refuta con su acostumbrada irreverencia diciéndole, – pero, ¿cuál es el temor? Por lo que veo, yo no puedo morir tan fácilmente y tú eres un dios y por lo tanto eres inmortal, ¿qué importa que llegue Talos y nos vea y me mate?, ¿que importa todo eso? – , a lo que le contestó Nereo con sabia paciencia, – ¡Oh, Achilles! No has entendido nada, tú podrías morir pero tu alma quedaría vagando por cien años en las orillas del Estigia, estar vivo y muerto ya lo has experimentado, y si vuelves a morir no podré resucitarte-. Achilles recordó ese horrible sentimiento que tuvo cuando estaba muerto y vio aquellos espíritus que caminaban arrastrando sus pies y emitían quejidos de inmensa pena, entonces entendió que si quería darle paz a su alma debía seguir lo establecido por los dioses, pero que al menos si lograba matar a Talos encontraría por medio de Nereo su ansiada muerte, solo ellos, los dioses le podían dar su anhelada paz.

Achilles y Nereo llegaron al gigante y rocoso acantilado de la desértica isla de Creta. Allí se resguardaron de los elementos en una vieja caverna bajo la luz de una antorcha, en el lugar habían escudos, lanzas y espadas de bronce de antiguos guerreros. Estos objetos le causaron curiosidad a Achilles quien los observaba detenidamente, veía el blasón del escudo y lo acarició con sus dedos quitándole el polvo a cada relieve, todo esto le parecía familiar. Luego lo tomó junto con la espada y sintió en sus manos y cuerpo una fuerza anormal en él, comenzó a blandir la espada y a moverse de un lado a otro con extraordinaria destreza. Las llamas de la antorcha proyectaba sobre las paredes de la caverna dinámicas sombras que imitaban cada movimiento de lo que parecía un héroe épico de tiempos inmemoriales, todo este ejercicio era visto por Nereo quien admirado le dijo, – no hay duda que has adquirido la habilidad de tus ancestros. Eres un guerreo –, escuchando esto Achilles en medio de su energético ejercitar, se daba cuenta que había algo en él que no había descubierto.

Al amanecer salieron de la caverna y escucharon un estruendoso ruido del mar, era Talos que a lo lejos salía del mar con sendos barcos en sus manos; voló con sus broncíneas alas hasta las rocas y desde lo alto soltó las embarcaciones que se estrellaron contra las puntiagudas rocas. Maderos y objetos de todo tipo saltaron por el impacto haciendo añicos los barcos. Talos se cercioraba de que no hubiesen sobrevivientes y mataba con su gigante espada a todo cuerpo que se moviera, o los aplastaba con sus inmensas sandalias.

Todo esto sucedía ante la mirada de Achilles y Nereo quienes observaban que una persona corría desesperada hacia el acantilado. Achilles corrió de inmediato en su auxilio, a medida que ambos se acercaban el guerrero se daba cuenta que era una mujer, Talos se percató de su huida y en dos zancadas se aproximó a los dos. Achiles tomó a la chica y la hizo cambiar de dirección cayendo ambos en la arena, la espada de Talos pasó casi tocando a la mujer; en el suelo Achilles y la chica miraban asombrados a Talos frente a ellos, el gigante parecía llegar al cielo, luego éste levanto su enorme pie y cuando ya los aplastaba una enorme ola hizo retroceder a Talos llevándose a la vez a la indefensa pareja, los arrastró hacia el mar donde luego una corriente los llevó hasta una orilla lejos del titán de bronce, había sido el dios de las aguas que los había salvado.

La desconcertada mujer no entendía lo que había pasado, le contó a Achilles y Nereo que dos barcos salieron del puerto de su ciudad, eran barcos que se dirigía a la ciudad de Corinto. Ella y su esposo iban en una de las embarcaciones, cuando estaban en alta mar los azotó una tormenta y vieron aparecer entre los dos barcos a ese gigante alado que hizo hundir las naves, en los barcos habían muchas personas y vio cuando su esposo se lanzó a las aguas y nadaba sin cesar, pero ella no pudo salir del barco que al hundirse en las profundidades provocó el ahogamiento de muchas personas, sin embargo ella pudo resistir al igual que otros. Luego aparecieron en esa isla donde el gigante arrojó los barcos contra los peñascos, Achilles y Nereo trataban de calmarla y dándole agua y comida le contaron con detalle todo lo que sucedía, la joven sobreviviente se llamaba Deidamía, nombre que sorprendió por algún motivo a Nereo.

Al escuchar la historia de la mujer, Achilles recordó lo que le sucedió aquel nefasto día en el que murieron su esposa y su hijo Adonis, y mirando a Nereo le dijo – yo vengaré la muerte de mi esposa y de mi hijo, realmente el suicidio era una cobardía de mi parte – , el dios de las mareas lo miraba asintiendo con su cabeza, luego Achilles tomó la espada y el escudo y quiso salir a enfrentar al gigante, pero Nereo lo detuvo diciéndole, – aún no, debes esperar el momento oportuno, yo te diré cuando debes hacerlo – , el impetuoso hombre obedeció y soltó las armas. Al marcharse Nereo, Achilles comenzó a hablar con Deidamía, ya había notado que era una mujer hermosa, pero sabía que estaba casada. Conversaron toda la noche y se contaron sus vidas, ella lamentó lo sucedido a la familia de Achilles, y le preocupaba no tener la certeza del destino de su esposo, si se había salvado o había muerto.

Luego de tanta conversación la joven Deidamía se quedó dormida, Achilles la observaba y detallaba cada parte de su rostro y cuerpo, entonces el deseo del hombre comenzó a rondar su mente, pero él sabía que estaba casada y recordando a su esposa dejó de mirarla. Se alejó de ella y se acostó a dormir algo retirado de la hermosa chica. Al amanecer Achilles se dio cuenta que Deidamía no estaba en la caverna, salió y la observó mirando el mar; el viento hacía mover su hermoso cabello y el aire húmedo ceñía el fino vestido blanco a su cuerpo, – ¡qué mujer tan hermosa! – pensaba Achilles con una serie de pensamientos y sentimientos que lo confundían, y acercándose a ella le preguntó, – ¿en qué piensas? – , ella lo miro con sus ojos cafés llenos de lágrimas y le dijo, – quiero saber si mi esposo está vivo, y si podré volver a mi mundo –, terminando de decir esto el mar se levantó en un remolino de agua de cuyo centro salió al alado Talos, como siempre en sus manos llevaba dos barcos que estrelló contra las rocas. La alarmada pareja volvió corriendo a la caverna, Achilles tomó las armas y salió al encuentro de Talos, la angustiada Deidamía trataba de detenerlo, pero no fue posible, – debo terminar con este gigante maldito, ahora me vengaré – le dijo el guerrero que iba al encuentro de su enemigo.

Al estar Achilles frente a Talos comenzó el enfrentamiento, el gigante trataba de aplastar al guerrero pero los hábiles y ligeros movimientos de este último impedían que lo tocara. El hombre lo golpeaba constantemente en sus piernas y pies pero no lograba herirlo en lo absoluto, entonces recordó aquella leyenda que escuchó en su pueblo desde niño, que Talos había muerto al quitarse él mismo la clavija que llevaba en su talón derecho. Le dio una rápida vuelta y al tenerlo de espalda observó la muesca en el talón, le tiró una lanza con todas sus fuerzas y dio en el punto exacto del talón, pero la lanza se partió si hacerle el menor daño. El desconcertado Achilles corrió a un lado, pero Talos agitó sus alas y una ráfaga de viendo lanzó al guerrero contra las rocas, cayó inconsciente y Talos procedió a fulminarlo con su colosal espada.

Todo aturdido Achilles abre los ojos y ve a Deidamía curándole una herida en su hombro, al lado de ella está Nereo quien lo mira con preocupación en su rostro, – ¿Qué sucedió?, creí que iba a morir – dice el guerreo herido, – pues ya ves que no fue así, afortunadamente caíste cerca de las aguas y Nereo logró salvarte poniéndote lejos de Talos. Luego te metimos en la caverna – , le dice consolándolo Deidamía, a continuación prosigue Achilles dirigiéndole a Nereo, – vencer a Talos es imposible, su único punto débil era su talón, le atiné con mi lanza y esta no le hizo el menor daño- , entonces pausadamente le dijo el dios de las mareas, – ¡Oh, mi impetuoso y osado guerrero!, ya te había dicho que esperaras el momento oportuno, pero la paciencia no es tu virtud –, y continuó Nereo, – cuando Hefesto resucitó a Talos selló el talón con una aleación especial intentando eliminar ese punto medio, sin embargo el talón del pie derecho de Talos sigue siendo su punto débil, pero sólo puede ser perforado por la punta del cuerno del minotauro de Minos, debemos desenterrar sus restos y tomar los cuernos de su esqueleto -.

Nereo y Achilles volvieron a la ciudad de Cnosos, y luego cerca del laberinto se aproximaron a un montículo de tierra donde habían enterrado al minotauro del rey Minos, a quien Teseo le había dado muerte en feroz batalla hacía miles de años. Desenterraron la osamenta casi hecha polvo del toro legendario y le quitaron sus cuernos, luego Nereo hizo un extraño ritual y volvieron a enterrar los huesos. Ya en la caverna y siguiendo las instrucciones de Nereo, Achiles hizo una especie de lanza con uno de los puntiagudos cuernos, entonces el dios de las mareas dijo – con esa punta de lanza, hecha del mismísimo minotauro podrás atravesar el bronce del talón de Talos, y de esa única manera, él desangrará y morirá -.

A la mañana siguiente Achilles esperó a Talos tras terminar su ronda por la isla de Creta, inmediatamente se produjo el enfrentamiento, Deidamía y Nereo veían angustiados lo que sucedía tras las rocas; Achilles trataba por todos los medios de clavarle su lanza especial en el talón, pero el hábil gigante se lo impedía con violentas pisadas que hacían temblar la tierra, pasaron horas de lucha y Achilles no podía con el gigante, ya su cuerpo había sido levemente alcanzado por el filo de la enorme espada de Talos, y el agotamiento de sus músculos lo hacían vulnerable a las embestidas del titán, que cada vez se acercaba más al guerrero.

Al ver esto el preocupado Nereo intervino parándose frente al titán de bronce con la intención de distraerlo, entonces Talos le dio un espadazo certero, pero la espada atravesó su cuerpo sin hacerle daño, era como golpear el agua con un metal, aprovechando esto Achilles logró colocarse en posición y con gran concentración el cansado guerrero tiró la lanza con las últimas fuerzas que le quedaban. El arma en línea recta cortaba el viento emitiendo un gran zumbido, entonces un sonido agudo y metálico se escuchó, el tiro había sido certero, la lanza se había clavado en del talón de Talos, y el gigante se inclinó hacia atrás como sintiendo un gran dolor. Un humo espeso y blanco comenzó a salir de entre la punta de la lanza y el talón, luego la lanza parecía quemarse y un violento chorro de líquido dorado salía de la herida de su pie, Talos se tocaba la garganta con sus dos manos como ahogándose y de repente líneas quebradizas se esparcieron por todo su metálico cuerpo y cayó de espalda quebrando sus alas, Talos había muerto.

Un gran regocijo llenó a Nereo y a Deidamía quienes auxiliaron al agotado guerrero. Lo llevaron a la caverna para curarle sus heridas y calmarle la sed, entonces le dijo Nereo, – ha sido una gran batalla Achilles, haz luchado con algo que te superaba por mucho en fuerza y tamaño, esto fue como una épica batalla; eres digno de llevar el nombre que tienes, eres un héroe y tu nombre estará por siempre en la historia, has derrotado al mal acechaba los mares y hundía y mataba a sus tripulaciones. Ahora tú has cumplido sobradamente la misión encomendada por mí, y yo tal como te prometí sólo espero que me digas para que se dé el deseo que trazará en forma definitiva tu destino, pero ahora debo irme, recupérate y piensa bien lo que quieres – diciendo esto Nereo se retiró de la caverna.

Ya de noche en la caverna Achilles ya estaba bastante recuperado gracias a las atenciones de Deidamía, entonces en un momento en que ella quitaba una de las vendas del cuerpo al convaleciente guerrero éste le tomó la mano, se miraron fijamente y un beso repentino, casi desesperado rompió la monotonía del momento, sus labios pegados en diferentes movimientos revelaban el deseo de los dos. Pero súbitamente Deidamía cortó la pasión y salió corriendo de la caverna, Achilles la siguió y la tomo por su blanco y delgado brazo y le dijo – Deidamía perdóname, no debí hacerlo-, – fue culpa mía, no tuya, no debí dejar que esto pasara – le contestó la confundida mujer quien prosiguió diciendo – quiero saber si mi esposo aún vive, quiero volver a mi mundo – , entonces Achilles le dijo, – tan pronto llegue Nereo, él te llevará a tu mundo y por ser el dios de las mareas sabrá si tu esposo murió o sigue con vida – , diciendo esto Achilles dio la espalda y se fue a la caverna.

Al amanecer Nereo llega a la caverna y frente a Achilles y Deidamía dice – acá estoy, espero que me digas qué has decidido, mi admirado guerrero – , a lo que este último contestó, – antes de pedirte lo que quiero, deseo que nos digas si el esposo de Deidamía está vivo -. El viejo del mar cerró los ojos por un breve tiempo, como preguntándole a las mareas del mundo sobre la existencia del esposo de la mujer, y abriendo sus párpados mirando a Deidamía le dijo, – sí, está vivo. Se encuentra en un pueblo llamado Athinon en Corinto – , la reacción de la chica fue apática ante la respuesta de Nereo, entonces el guerrero y Deidamía cruzaron una breve mirada, una mirada que expresaba cierta pena en el semblante de ambos, ninguno de los dos deseaba la muerte de aquel hombre. No había duda alguna que los dos se habían enamorado fuertemente, pero una cierta obligación moral no permitía que estuviesen juntos.

Luego de la respuesta de Nereo, Achilles le pidió que llevara a Deidamía con sus poderes a las orillas de la ciudad donde estaba su marido y salió de la caverna con los ojos enrojecidos queriendo llorar. Nereo lo siguió hasta una roca donde él estaba mirando el mar, Achilles lo sintió cerca y le dijo, – quiero acabar con esto, quiero morir en paz – , entonces Nereo sacó de sus ropas el otro cuerno del minotauro y le dijo, – que irónico Achilles, tú al igual que Talos tiene tu punto mortal y vulnerable en el talón de tu pie derecho, y con solo clavártelo en ese lugar morirás y descansaras en paz. Si crees que ese es tu destino – , Achilles le arrebató a Nereo el cuerno de sus manos y se retiró a la orilla de la playa, puso el cuerno en la arena con la punta hacia arriba, se sentó frente a éste y levantó el pie con la intensión de clavarse el cuerno en su talón hasta lo más profundo, pero en ese preciso momento un grito impidió que lo hiciera, era Deidamía que corría a su encuentro. Achilles se levantó de la arena y abrazó a Deidamía besándola apasionadamente.

Achilles y Deidamía nunca volvieron a sus pueblos, se unieron como hombre y mujer bendecidos por el dios de las mareas, tuvieron muchos hijos y con ellos dieron apertura a la aislada isla a barcos mercantes de otras tierras. Creta dejó de ser la isla desértica que fue, y todos los que llegan a la isla son recibidos por una colosal estatua de bronce de Achiles que esculpieron los pobladores de Creta en nombre de su héroe y fundador, estatua hecha con el mismo broce de su enemigo, el gigante Talos. Achilles reinó en Creta durante muchos años, haciendo la isla próspera y rica, un noble pescador que buscaba la paz consigo mismo, un hombre que hizo las paces con sus dioses, ese era el destino de Achilles.

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La autoría de estos relatos es de @yoselin , @rnunez09 y @erkj03 que se prestaron a participar en este reto tras ser los ganadores del SpanishChallenge #15, #16, #17 y #18 requisito imprescindible para formar parte de Relatos Encadenados, desde el equipo Spanish-Trail os invitamos a seguirla y disfrutar del contenido que aporta a la comunidad, un saludo y SteemOn!!

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